La bahía de Cádiz es especialmente llamativa en las noches estivales, cuando recorre sus aguas un pequeño barco que ofrece vistas privilegiadas de las playas de Puntilla y Valdelagrana. En el casco antiguo, y a pocos metros del final del Guadalete, se halla el castillo de San Marcos, un edificio rectangular flanqueado por ocho torres de decoración almohade y rematadas en almenas en picos. El castillo ha sufrido transformaciones desde su edificación, alrededor del siglo X, y cuenta con una torre del Homenaje de planta octogonal, bajo la que se cobija el sagrario de la interesante iglesia gótica erigida por Alfonso X y construida en ladrillo por mudéjares.

Algo más arriba, en la plaza de los Jazmines, el palacio de Medinaceli -residencia de Cristóbal Colón antes de partir hacia el Nuevo Mundo- ha sido reconvertido en hotel de lujo. La iglesia mayor prioral, en la plaza de España, es un templo del siglo XV de tres naves cubiertas con bóvedas nervadas -la central, de mayor altura y anchura que las laterales-, mas dos naves con capillas. Iniciada su construcción en estilo gótico, de esa etapa destaca también la puerta del Perdón, sin concluir, que presenta rasgos estilísticos del gótico tardío, similares a la portada de la iglesia del Monasterio de la Victoria, con pinceladas platerescas y barrocas. A partir de finales del siglo XVI se construyeron las capillas, entre las que se pueden destacar las de la Patrona, la Sacramental -reformada en el siglo XVIII-, o la de los Valera o Benavides, entre otras. En su interior, descansa la imagen de la patrona de la ciudad, la Virgen de los Milagros.

La plaza del Polvorista alberga notables edificios civiles, como los palacios de Vizarrón (Casa de las Cadenas) y de Aguado -conde de Montelirios-, o el cuartel de Caballería. Arquitectónicamente interesante la monumental plaza de toros del Puerto, coso taurino de tres plantas construido en el siglo XIX según el diseño de Mariano Carderera y Manuel Pardo.

Merece la pena también visitar sus bodegas, la mayoría de las cuales nacieron con el auge industrial del siglo XIX. Se trata de edificios rectangulares y espaciosos, en cuyo interior se conserva el aroma de una larga tradición.

Las playas son también otro de los grandes atractivos de la ciudad, divididas en tres zonas distintas: las de levannte, prácticamente virgenes, junto a la marisma de los Toruños; las de la costa oeste, como las de Vista hermosa; y las playas urbanas, como la Puntilla, situadas entre el espigón y Puerto Sherry.

Alrededores

Situados junto a la playa de la Puntilla, los Pinares y las Dunas de San Antón constituyen un espacio forestal ideal para la vida del camaleón, especie en peligro de extinción.

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